sábado, mayo 03, 2008

El comportamiento social también depende de los genes

Visto en Psicologia Latina

El Aula EL PAÍS analiza el papel social de la genética
M. L. FERRADO - Barcelona
EL PAÍS - 01-05-2008
Huir ante un conflicto, ser infiel a la pareja, comprar un producto,
envidiar, ayudar, traicionar, ser empáticos o agresivos. Vivir en
sociedad nos obliga a tomar decisiones cada día. Cada vez son más las
investigaciones que apuntan a que los genes no sólo determinan nuestra
salud, sino también nuestra conducta.
¿Pero puede sólo la genética explicar nuestros comportamientos
sociales? ¿Nuestro comportamiento ha influido en nuestra evolución
como seres humanos, o ha sido al revés? La genética influye en nuestro
comportamiento, pero no lo explica todo. El ambiente tiene un
importante papel para modularla, para acabar determinando que unas
características genéticas se expresen o no. "Que las conductas
sociales tengan una base biológica no significa que sean fijas e
inamovibles; el determinismo biológico es falso, no somos máquinas
programadas por nuestros genes, sino que en última instancia podemos
decidir entre el bien y el mal", afirma Carles Lalueza, profesor de la
Unidad de Antropología de la Universidad de Barcelona, que, junto a
Óscar Vilarroya, director de la cátedra El Cerebro Social, de la
Universidad Autónoma de Barcelona, articipó como ponente del debate
Somos o nos hacemos, organizado el pasado martes por el Aula EL PAÍS y
el Observatorio de la Comunicación Científica de la Universidad Pompeu
Fabra.
Los neurobiólogos han podido determinar qué estructuras del cerebro
intervienen cuando decidimos actuar de un modo u otro. Para
explicarlo, hay que remontarse a los orígenes de la especie humana.
"Somos seres ultrasociales y hay comportamientos que la evolución ha
sellado en nuestros genes porque son básicos para la propia
supervivencia, por ejemplo reprimir el deseo inmediato de comer o
copular", explica Vilarroya. Incluso la cooperación entre las personas
puede tener explicación genética. Para favorecer conductas altruistas,
cuando un individuo se siente a disgusto ante el egoísmo de otro se
activa una estructura del cerebro, la ínsula anterior, que es la misma
que se activa con el asco físico. "El asco físico y social se
parecen", explicó Vilarroya.
Los genetistas han descrito ya varios genes que pueden tener algún
papel en las diferencias de personalidad entre individuos e incluso en
algunos comportamientos psicopatológicos, como ocurre con el gen MAOA,
que se ha relacionado con la agresividad. Diversos estudios han
demostrado que una mutación de este gen condiciona las conductas
agresivas, aunque también se ha observado que nunca se expresa si no
se dan ciertas condiciones ambientales, como haber sufrido maltratos
durante la infancia. Lalueza concluyó que "los genes predisponen, pero
es definitivamente el ambiente lo que hace que se manifiesten".

--
Fernando Molina P.
Psicólogo
Practitioner en Programación Neurolinguistica
Máster (c) en Gestión y administración en Recursos Humanos
(56 - 985361755)

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