viernes, mayo 11, 2007

EDUCAR PARA SALVAR

Conjuntamente con el articulo anterior, comparto este otro también de Graciela, que no deja de ser interesante su discusión.


Delante de los días conturbados por los que pasa la sociedad actual, sólo existe una manera edificante de hacer que despunte una aurora limpia y bella

En este comienzo del tercer milenio: la educación.

Solamente a través de la educación bien sedimentada podrá surgir el hombre renovado del siglo XXI.

Pero, educar no significa sólo transmitir patrones socio-culturales, ni acompañar el desarrollo físico-intelectual del niño o pasar una serie de Informaciones por la instrucción formal.

La educación, bien entendida, consiste en formar al hombre de bien, contemplando su doble aspecto: espiritual y físico.

La violencia se propaga y desgracia, en un mundo donde el ser humano viene perdiendo el sentido de la fraternidad, de solidaridad, en base a los conflictos de opiniones, a las imposiciones del intelecto sobre el sentimiento, a la robotización que transforma al ser humano en máquina, a repetir actividades que le destruyen la capacidad de crear, de enriquecerse de
nuevos valores espirituales.

Educar, en el sentido que el término exige, es desarrollar, cultivar, hacer brotar, elevar, hacer crecer, no de manera unilateral, sino de forma integral, para que el que recibe educación pueda ser el ciudadano honrado que todos deseamos encontrar en la sociedad de la cual formamos parte.

Y para que se alcance ese grandioso objetivo será preciso, antes de todo, dos premisas básicas: el amor y la auto-educación.

Amar para educarse y auto-educarse para amar. Ese binomio: amor y auto- educación deberá ser el dominador común para padres y maestros.

A los padres no basta amar, es preciso que su amor sea firme, sin tiranía, y tierno, sin sentimentalismos.

A los maestros no basta instruirlos, transmitir informaciones áridas, sin el real enriquecimiento del contenido con el paliativo del afecto.

Es preciso que haya una conjugación de fuerzas entre padres y maestros para que se logre éxito en la reforma moral de la humanidad…. Para que se pueda ver despuntar de la verdadera aurora del tercer milenio…

Es preciso que el ser humano pase a ser el tesoro más valioso del planeta, para que entienda el papel que le cabe en la obra del Creador.

Es preciso que no se intente resumir al ser humano a una simple máquina de hacer sexo, fabricar dinero, proyectándose bajo las luces transitorias de los proyectores de la fama.

Es preciso que se comprenda la realidad inmortal del hombre.

Es preciso que se entienda, de una vez por todas, que el ser humano no es un montón de huesos y músculos, en una breve experiencia espiritual.

El hombre es un ser espiritual, inmortal, viviendo una breve experiencia en un cuerpo carnal, frágil y perecible, que camina en la dirección del túmulo.

Y, por fin, es preciso que se viva como ser inmortal, que tendrá que prestar cuentas de sus actos a la conciencia cósmica y a la propia conciencia, así que se desembarace de la carne.

Si padres y maestros, que generalmente también son padres, amasen para educar bien y auto-educarse para amar, el panorama del mundo se transformaría en poco tiempo, para mejor.

Veríamos en el hogar, que la primera elección, los niños aprendiendo el respeto al semejante, la dignidad, la honradez, la libertad intelectual, el respeto a si mismo y al prójimo.

Y, en la escuela, con maestros conscientes de su noble deber, aprenderían las lecciones para iluminar el intelecto, pero siempre acompañadas con los componentes del amor y la ternura.

He ahí una receta infalible...

He ahí la solución parar borrar, definitivamente, la violencia de la faz de la Tierra.

¡Piense en eso!

La educación sin un propósito de trascendencia es una idea vacía y estrecha y puede siempre volverse instrumento de manipulación de los poderes sociales.

Graciela E. Prepelitchi
"La felicidad es un bien que se multiplica al ser dividido"


Fernando Molina P.
Psicólogo

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