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Delante de los días conturbados por los que pasa la sociedad actual, sólo existe una manera edificante de hacer que despunte una aurora limpia y bella
En este comienzo del tercer milenio: la educación.
Solamente a través de la educación bien sedimentada podrá surgir el hombre renovado del siglo XXI.
Pero, educar no significa sólo transmitir patrones socio-culturales, ni acompañar el desarrollo físico-intelectual del niño o pasar una serie de Informaciones por la instrucción formal.
La educación, bien entendida, consiste en formar al hombre de bien, contemplando su doble aspecto: espiritual y físico.
La violencia se propaga y desgracia, en un mundo donde el ser humano viene perdiendo el sentido de la fraternidad, de solidaridad, en base a los conflictos de opiniones, a las imposiciones del intelecto sobre el sentimiento, a la robotización que transforma al ser humano en máquina, a repetir actividades que le destruyen la capacidad de crear, de enriquecerse de
nuevos valores espirituales.
Educar, en el sentido que el término exige, es desarrollar, cultivar, hacer brotar, elevar, hacer crecer, no de manera unilateral, sino de forma integral, para que el que recibe educación pueda ser el ciudadano honrado que todos deseamos encontrar en la sociedad de la cual formamos parte.
Y para que se alcance ese grandioso objetivo será preciso, antes de todo, dos premisas básicas: el amor y la auto-educación.
Amar para educarse y auto-educarse para amar. Ese binomio: amor y auto- educación deberá ser el dominador común para padres y maestros.
A los padres no basta amar, es preciso que su amor sea firme, sin tiranía, y tierno, sin sentimentalismos.
A los maestros no basta instruirlos, transmitir informaciones áridas, sin el real enriquecimiento del contenido con el paliativo del afecto.
Es preciso que haya una conjugación de fuerzas entre padres y maestros para que se logre éxito en la reforma moral de la humanidad…. Para que se pueda ver despuntar de la verdadera aurora del tercer milenio…
Es preciso que el ser humano pase a ser el tesoro más valioso del planeta, para que entienda el papel que le cabe en la obra del Creador.
Es preciso que no se intente resumir al ser humano a una simple máquina de hacer sexo, fabricar dinero, proyectándose bajo las luces transitorias de los proyectores de la fama.
Es preciso que se comprenda la realidad inmortal del hombre.
Es preciso que se entienda, de una vez por todas, que el ser humano no es un montón de huesos y músculos, en una breve experiencia espiritual.
El hombre es un ser espiritual, inmortal, viviendo una breve experiencia en un cuerpo carnal, frágil y perecible, que camina en la dirección del túmulo.
Y, por fin, es preciso que se viva como ser inmortal, que tendrá que prestar cuentas de sus actos a la conciencia cósmica y a la propia conciencia, así que se desembarace de la carne.
Si padres y maestros, que generalmente también son padres, amasen para educar bien y auto-educarse para amar, el panorama del mundo se transformaría en poco tiempo, para mejor.
Veríamos en el hogar, que la primera elección, los niños aprendiendo el respeto al semejante, la dignidad, la honradez, la libertad intelectual, el respeto a si mismo y al prójimo.
Y, en la escuela, con maestros conscientes de su noble deber, aprenderían las lecciones para iluminar el intelecto, pero siempre acompañadas con los componentes del amor y la ternura.
He ahí una receta infalible...
He ahí la solución parar borrar, definitivamente, la violencia de la faz de la Tierra.
¡Piense en eso!
La educación sin un propósito de trascendencia es una idea vacía y estrecha y puede siempre volverse instrumento de manipulación de los poderes sociales.
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Encontré bastante interesante este articulo de Graciela E. Prepelitchi, psicóloga, en el grupo de psikolibro que ahora comparto con Uds.
“Perturbadoras costumbres”
El juego infantil suele expresar el deseo de trazar una “marca diferencial” con respecto a los requerimientos de los padres. De la tolerancia que ellos ofrezcan a esa perturbación dependerá “la continuación o detención de una dialéctica singular”.
Por Alba Flesler *
El primer juego al que juega el niño es a destetarse. Quien haya observado a un recién nacido ha visto que el bebé toma la teta, luego la deja, vuelve a tomar la teta, luego vuelve a dejarla: se puede reconocer la precocidad con que esa actividad introduce un tinte lúdico. Su ejercicio inicia una alternancia que es vital para el recién nacido. Ese mínimo gesto le otorga un primer derecho a su incipiente humanidad, un intervalo para jugar sus barajas, para iniciarse como partícipe en el juego que le ha sido propuesto. Puede sorprender que en tiempos tan tempranos, cuando aún es tan dependiente en todas sus necesidades, ejerza así su singularidad personal; la escena nos enseña que, para el ser humano, llegar a vivir no es equivalente a haber nacido. Que la relación del bebé con el pecho de la madre fluya en una periodicidad alternante es, desde el vamos, una nota mayor, un tiempo anticipatorio del sujeto, una toma de posición, una respuesta al Otro.
Para el bebé, tal posición es respuesta a la demanda del Otro: “Déjate alimentar”. Más tarde escucharemos a las madres relatar lo ocurrido de modo invertido: “Mi nene, él, tomó teta hasta los nueve meses”. Y en cierto modo es así, ya que es el bebé quien toma la teta y también quien la deja, introduciendo, desde el vamos, un mínimo intervalo diferencial entre responder completamente a la demanda del Otro y colocar una respuesta propia. En esa pausa anida un principio de subjetividad, una separación de la alienación primera.
Ahora es preciso que nuestra mirada no quede fascinada por el logro tan precoz de nuestro sujeto y que recordemos que tal respuesta jamás podría llegar de no darse una condición: que el Otro no equivoque el estatuto de la demanda e intente colmarla. Valga el juego de palabras: no equivocar el estatuto de la demanda quiere decir preservar en ella algún equívoco.
A las madres no suele escapárseles la discordancia originaria entre la cantidad de comida que amorosamente le ofrecen a su hijo y la que él toma. Y es cierto que, desde el inicio, el alimento puede tornarse fuente, no ya de un equívoco, sino de un enorme malentendido. Esto ocurre cuando su significación toma el valor de un signo inamovible. Recuerdo la historia de un joven psicótico cuya madre lo había obligado a ingerir, sistemáticamente, hasta el último bocado de alimento. Así lo había hecho desde los primeros años de vida, con la certeza de cuidar su salud. Tal era su certeza inconmovible que no se detenía ante los vómitos del niño: lo obligaba a reingerir lo expulsado. Impedida toda expulsión, le fue negada al sujeto toda afirmación de su existencia.
Dista del caso de otra madre cuyo cuerpo engrosado delataba su valoración del goce oral. Consultó por su hijo, un púber de once o doce años. El muchacho, retraído y poco abierto a expresar sus inquietudes, preocupaba a su progenitora dejándola con la pregunta de por qué, cuando ella le preparaba sus ñoquis predilectos, él los comía, sí, con verdadero gusto, pero sin embargo dejaba, indefectiblemente, uno o dos en el plato. Esa serie mínima, uno o dos, le otorgaba al sujeto la oportunidad para descontarse a la demanda e iniciar con ello las cuentas del deseo, poniendo en juego sus apetitos. Esta madre se interrogaba por la enigmática actitud de su hijo, a diferencia de aquella otra que, con las mejores intenciones, jamás dudó en hacer lo mejor a su criterio.
Como advierte el saber popular: el camino del infierno está plagado de buenas intenciones. Bien sabemos, la gravedad de muchos casos lo muestra, qué ocurre si se equivoca el estatuto de la demanda y se le otorga una respuesta colmante. Si bien es cierto que el sujeto puede apelar al recurso de la acción, “comer nada”, también puede quedar sin recursos ante el sentido siderante. El sujeto se efectúa respondiendo al Otro, pero no siempre alcanza a responder. Puede no tener respuesta.
A propósito de esto, me fue relatado el caso de una nenita de cinco años que había sido internada en un hospital con una probable intoxicación salicílica: la madre le administraba aspirinas y la nena, a su vez, se encerraba en el baño a tomarlas. Ya padecía una intoxicación crónica que le había producido una gastritis sangrante. Era hipoacúsica por un antibiótico “mal dado”, en aquella oportunidad podría haber muerto. Y durante la internación la madre le seguía dando aspirinas, con el argumento de que ella “se las pedía”, o incluso de que “se le cayó un poquito” en el vaso de la nena, o “le di un beso y le quedó polvito en la boca”. La nena, muda, no atinaba más que a abrir la boca y recibir las aspirinas.
La analista intervino, por un lado, con la madre; ésta debía permanecer afuera durante los encuentros con la hija. Por otro lado, con la nena: introdujo un juego que consistía en sacarle punta a un lápiz y llenar un recipiente, una cuchara, con el aserrín. En un momento la analista hizo ademán de levantar la cuchara y la nena abrió la boca dispuesta a ingerir realmente el aserrín. “¡Pero estamos jugando!”, le dijo la analista, mientras hacía como que le daba de comer a un muñeco. A partir de esa intervención, fue la niña quien alimentó muñecos. Tal vez no se haya tratado de un psicoanálisis en el sentido tradicional, pero sí de una intervención analítica atenta, reconocedora del tiempo de un sujeto con pocos recursos simbólicos para dar a la demanda materna una respuesta no automática.
Cuando el juego se inicia, lo hace perturbando el campo del Otro. Las condiciones que causaron la llegada de ese bebé, las significaciones en las que él halló cabida, incluyen un hecho inicial: el sujeto encontró lugar en ese campo por la simple pero insoslayable razón de haberle hecho falta al Otro. Pero esa falta lleva adherido, de modo indeleble, el anhelo de encontrar lo que le hace falta. Entonces –en el mejor de los casos–, el bebé no encuentra medida exacta en el Otro. Los padres esperan un bebé, pero cuando nace resulta que es una nena o un nene; nunca se logra eludir un resto que no encastra en la demanda anhelada y que perturba de una u otra forma la relación. De la tolerancia que el Otro disponga ante esa perturbación de su campo dependerá la continuación o detención de una dialéctica singular que ofrece o niega posibilidad al sujeto de jugar su cifra. Me refiero, claro está, a la que ocurre más allá de las buenas intenciones. Un nuevo ser nunca será lo esperado; más bien introducirá lo nuevo en lo familiar, algo inesperado y desconocido.
“Si todo anda bien”, como decía aquel excelente clínico de la infancia que fue Donald Winnicott (Realidad y juego), el niño tendrá las que Freud, en su artículo “La negación”, llamaba “perturbadoras costumbres”. Sólo si todo anda bien la relación entre el niño y el Otro se incomodará: el niño no procurará una satisfacción completa, no deparará el goce esperado. Entre el Otro y el niño como objeto no habrá “enteridad”.
Puede parecer paradójico, pero sólo si todo anda bien encontrará cabida cierta medida de perturbación. En ese caso, escucharemos decir que, o bien el niño llora y no se sabe exactamente qué le pasa, o que el niño come de más o de menos, o, más tarde, que el niño tira los objetos al suelo, donde es difícil e incómodo encontrarlos. El niño romperá los hermosos juguetes que le regalamos. En definitiva, si todo sale bien, aquello que el niño romperá son los esquemas previstos: día a día irá introduciendo, como respuesta al Otro, una marca diferencial. Manifestación sensible de la emergencia de un trazo distintivo del sujeto que, habiendo surgido en el campo del Otro, pasa a tomar posición, ocupa su lugar. Lugar anticipado en el Otro primordial si, con su presencia deseante, ofreció también su falta, donando con hechos reales, y no sólo con palabras, su castración.
De esta manera, las piezas del engranaje “harán juego”. La estructura se irá construyendo con piezas móviles. Los juegos que el niño vaya jugando otorgarán un marco alojador a los goces de la existencia. Ese marco se irá diseñando por la vía de una escritura específica, esencial e insustituible para cada tiempo de la infancia. Si los juegos difieren y sus manifestaciones se muestran disímiles, es en la medida que ellos expresan diferentes tiempos de la escena. En el despliegue del juego se producen trazos en los que el sujeto se recrea; se hace presente un tránsito que, redistribuyendo los goces de la infancia, avanza desde la entrada en el lenguaje a la articulación en el discurso y sólo más tarde a esa conformación definitoria posterior que es la neurosis infantil, constituida sobre el andamiaje fantasmático. Ese transcurrir le reclama al sujeto recrearse en tiempos de juego.
* Extractado de El niño en análisis y el lugar de los padres, de próxima aparición (ed. Paidós).
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El nuevo conocimiento y la autosuperación son la espina dorsal del progreso de la sociedad.
Grandes pensadores, tales como Leonardo Da Vinci, Thomas Edison, Bejamín Franklin, Albert Einstein, y otros buscadores del conocimiento han dejado al mundo tantas maravillas, las cuales las disfrutamos hasta el día de hoy.
Tu búsqueda del conocimiento no necesita ser tan trascendental como lo fue la de Einstein, pero puede ser una parte importante de tu vida, llevándote a conseguir un mejor trabajo, mejores salarios, un nuevo hobbie, o simplemente adquirir conocimiento por el gusto de hacerlo.
El conocimiento en nuestros tiempos, por lo general requiere técnicas avanzadas de aprendizaje. De hecho, se ha dicho que el adulto promedio sólo usa el 10% de su cerebro. Imagina de que podríamos ser capaces con técnicas más avanzadas de aprendizaje. Aqui hay 77 consejos relacionados con el conocimiento y el aprendizaje, para ayudarte en tu búsqueda. Algunos son específicamente para estudiantes en instituciones de enseñanza tradicional; el resto para principiantes, o aquellos que están aprendiendo por su cuenta.
Feliz Aprendizaje!
Salud
1. Mueve una pierna.
2. Comida para la mente: Desayuna.
3. Comida para la mente, parte 2:
4. Potenciadores cognoscitivos: Ginkgo biloba. (Ginkgo biloba)
5. Reduce estrés + depresión.
Balance
6. Duerme pensando en ello.
7. Toma un descanso.
8. Una pequeña caminata.
9. Cambia tu enfoque.
Perspectiva y concentración
10. Cambia tu enfoque parte 2.
11. Realiza una caminata para meditar.
12. Concéntrate y no te distraigas.
13. Apaga las luces.
14. Toma un baño o una ducha.
Técnicas de memorización
15. Escuchar música.
16. Lectura rápida.
17. Usa siglas y otros recursos mnemónicos.
Recursos Visuales
18. Cada imagen cuenta una historia.
19. Mapas mentales.
20. Aprende simbolismo y semiótica
21. Usa un diseño de información.
22. Usa técnicas visuales de aprendizaje.
23. Mapea tu flujo de tareas.
Técnicas verbales y auditivas
24. Estimular las ideas.
25. Lluvia de ideas (brainstorm).
26. Aprende por osmosis.
27. Reforzadores cognoscitivos: beats binaurales.
28. Ríe.
Técnicas Cinestésicas
29. Escribe no teclees.
30. Lleva contigo un cuaderno de notas todo el tiempo.
31. Mantén un diario.
32. Organízate.
33. Usa Post-it.
Técnicas de Auto-motivación
34. Date crédito.
35. Motívate a ti mismo.
36. Plantéate una meta.
37. Piensa positivamente.
38. Organízate, parte 2.
39. Todas las habilidades se aprenden.
40. Prepárate para aprender.
41. Prepárate, parte 2.
42. Oblígate.
Técnicas suplementarias
43. Lee lo más que puedas.
44. “Cruza” tus intereses.
45. Aprende otro idioma.
46. Aprende a aprender.
47. Conoce qué sabes y qué no.
48. Haz multi-tareas para procesos de fondo.
49. Piensa holísticamente.
50. Usa el tipo correcto de repetición.
51. Usa el modelo de Aprendizaje Cuántico (AC).
52. Obtén las herramientas necesarias.
53. Obtén herramientas necesarias, parte 2.
54. Aprende pensamiento crítico.
55. Aprende a resolver problemas complejos.
Para Maestros, Tutores y Padres
56. Sé desafiante.
57. Usa pirámides de información.
58. Usa videojuegos.
59. Interpreta un rol.
60. Aplica la regla 80/20.
61. Cuenta historias.
62. Ve más allá de la currícula de escuela pública.
63. Emplea el aprendizaje aplicado.
Para Estudiantes y Autodidactas
64. Desafíate.
65. Enséñate a ti mismo.
66. Colabora.
67. Hazlo con los demás; enseña algo.
68. Escribe acerca de ello.
69. Aprende por experiencia.
70. Interrógate.
71. Aprende las cosas correctas primero.
72. Planea tu aprendizaje.
Consejos de despedida:
73. Insiste.
74. Desafía a los expertos.
75. Rétate a tí mismo.
76. Festeja antes de un examen.
77. No te preocupes; aprende feliz.
Fuentes para este artículo
Esta es solo una pequeña lista de fuentes, sólo enfocada a sitios web. Muchas de las ideas presentadas arriba vienen de largos años de experiencia, con información obtenida en docenas de libros y otros materiales de aprendizaje, y más recientemente, en páginas web. Los sitios web listados a continuación también presentan artículos originales relacionados con las ideas de arriba, o resúmenes de ideas con links a otros sitios.
Artículo original 77 Ways to Learn Faster, Deeper, and Better.
Traducido y adaptado por h3ll0! & Hikari no Bushi para Digitalz.org
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El cerebro puede transferir funciones específicas a nuevas áreas cuando parte del mismo está dañado, de acuerdo con una investigación de Oxford.
Los hallazgos, publicados en Neuron, son relevantes para comprender los procesos de recuperación tras un golpe.
Cuando se produce un daño cerebral en pacientes que han sufrido un golpe, la actividad de las partes no dañadas del cerebro a menudo se incrementa. Esto es particularmente notable en pacientes con una pobre recuperación.
Sin embargo, no está claro si esta era la causa de la lenta recuperación, con una actividad cerebral caótica, o si era parte de un proceso adaptativo que ayuda a la recuperación – el cerebro se esfuerza por transferir funciones al hemisferio sano.
Para este descubrimiento, la Dr Jacinta O’Shea y sus colegas en el Departamento de Psicología Experimental en el Centro Funcional de MRI Cerebral simularon el daño cerebral en voluntarios sanos usando estimulaciones magnéticas transcraneales (TMS), interrumpiendo temporalmente la actividad normal del córtex premotor (una parte del cerebro que permite a las personas seleccionar el movimiento a hacer).
Se pidió a los participantes realizar tareas cuyo éxito dependía de los niveles normales de actividad en el córtex premotor: tenían que hacer uno de dos movimientos con los dedos dependiendo de varias formas presentadas en la pantalla de un ordenador.
Como se esperaría, tras el daño cerebral simulado los participantes inicialmente elegían la respuesta correcta más lentamente. Sin embargo, tras unos minutos, la repuesta volvía a ser normal. “Esto sugiere que el cerebro podría haberse reorganizado a sí mismo para compensar la interferencia”, dijo la Dr O’Shea.
Fotografiando el cerebro de los participantes, los investigadores confirmaron que durante el proceso de recuperación del rendimiento había un incremento de actividad en las zonas del cerebro no interrumpidas. Como confirmación final, intentaron interrumpir una de las nuevas áreas activas del cerebro – y, como se predijo, l rendimiento de las en las tareas cayó de nuevo. La función del área cerebral “dañada” había sido movida a la mitad “sana” del cerebro.
El trabajo fue financiado por MRC.
“La transferencia fue específica de la función del córtex premotor, y tenía lugar sólo cuando era necesario para realizar la tarea”, dijo la Dr O’Shea. “La velocidad de la reorganización también era impresionante: el cerebro se reconfiguró a sí mismo temporalmente en cuestión de minutos.
“Nuestros hallazgos demuestran cómo de flexible es el cerebro”.
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Usted compara la aventura del conocimiento y la memoria a la de abrir nuevas rutas y trazar mapas mentales de nuestro recorrido.
Todavía sabemos poco acerca de los mecanismos endógenos que modulan el almacenamiento de la información en el cerebro humano. Creemos, sin embargo, que algunos sistemas hormonales que se activan en respuesta a una determinada experiencia podrían estar implicados en la consolidación de la memoria de esa misma experiencia.
¿En qué se fundamenta esta creencia?
Nuestro grupo ha investigado la relación entre la adrenalina y la consolidación de la memoria. La hipótesis de trabajo no es otra que asumir que la liberación de esta hormona tras la experiencia recordada podría formar parte de un sistema endógeno de modulación de la memoria. Este sistema, además de modificar la fuerza del recuerdo, podría ser también un mecanismo a través del cual diversos tratamientos podrían actuar para modular la función cognitiva.
La actividad cerebral tiene un peso importantísimo en la biología del comportamiento?
Un kilo y medio.
¿Cómo?
El cerebro humano está compuesto de unos cien mil millones de células, lo que supone un peso aproximado de mil quinientos gramos. Suele constituir el 2% del peso corporal y no pesa siempre lo mismo; al llegar a la vejez perdemos unos cien gramos.
«Los seres humanos rendimos mejor tanto física como mentalmente a una temperatura de veinte grados centígrados y a una humedad del 40%»
Y no sólo cambia el peso, sino la masa.
Así es. Sabemos que el cerebro se modifica constantemente por la propia actividad existencial. Es cierto que el continente de este órgano viene programado genéticamente, pero el contenido se hace al andar. A lo largo de la vida nos convertimos en creadores de nuestro propio cerebro. El fenómeno de la plasticidad demuestra que la experiencia deja una huella en la red neuronal, capaz de modificar la transferencia de información a través de todo el sistema. Lo adquirido por medio de la experiencia deja una huella que transforma lo anterior. De este modo, la experiencia modifica constantemente las conexiones entre las neuronas y los cambios son tanto de orden estructural como funcional.
Durante mucho tiempo se pensó que era imposible recuperar la función de las áreas del cerebro que se ven afectadas por un ataque cerebral y que, una vez muertas, las neuronas no se regeneran.
Pero hoy sabemos que el cerebro es plástico y posee capacidad para remodelar las conexiones entre sus neuronas. Las neuronas son capaces de curarse, lo que no significa que la memoria perdida pueda ser restituida. Nuevas neuronas ocuparan el espacio de las neuronas perdidas y posibilitaran nuevas rutas de memoria o de almacenamiento de experiencia cognitiva; pero lo perdido queda perdido para siempre.
¿Un niño de año y medio genera mayor actividad cerebral que un premio Nobel de Física?
En los primeros dieciocho meses de vida es cuando el ser humano aprende más y más deprisa. Imágenes espectográficas han demostrado que el cerebro de un niño está más densamente conectado que el de un adulto y, además, consume mucha más energía. Un niño o una niña trazando garabatos sobre un papel funcionan con un 50% más de energía que el premio Nobel en plena conferencia.
¿Cuándo alcanza el cerebro la madurez?
El cerebro humano no queda completamente interconectado hasta los veinte años de edad, y entonces la actividad cerebral alcanza el nivel propio de un adulto. Aunque a los siete años el cerebro de un niño sea casi idéntico en tamaño y peso al de un adulto, en sus lóbulos frontales hay un 40% más de sinapsis neuronales. Se conoce que el nivel máximo de conexiones suele producirse entre los cuatro y los siete años de edad. Cerca de la octava semana de gestación comienza, de hecho, el desarrollo del cerebro y durante las cinco semanas siguientes se forman casi todas las células nerviosas. Un nuevo salto en el desarrollo comienza unas diez semanas antes del parto y continúa durante los dos primeros años de vida del bebé.
Y a la vejez, viruelas?
No necesariamente. Debemos desterrar la imagen de ancianidad con problemas cognitivos. Hace pocos años un investigador chino mostró en sus experimentos con ratones un hallazgo interesante en relación con la edad: los ratones jóvenes aprenden más rápido y en menos tiempo que los ratones viejos (que aprenden menos rápido y en más tiempo). Tras ese hallazgo, probó si ocurría lo mismo en humanos y los resultados se repitieron con la singularidad de que la calidad de la información almacenada disminuyó de forma significativa en los menores de treinta años y, en cambio, se mantuvo de forma significativa en las personas mayores de cuarenta, por más que estos últimos necesitaran más tiempo de asimilación.
Además de la edad, ¿qué circunstancias influyen en el mantenimiento de una buena actividad cerebral?
Estamos investigando la aportación del ejercicio físico. Sabemos que un determinado tipo o nivel de ejercicio físico ayuda a potenciar y conservar la agilidad mental. Pero no ocurre en todas las modalidades o niveles, por lo que seguimos investigando. Se sabe, asimismo, que los seres humanos rendimos mejor tanto física como mentalmente a una temperatura de veinte grados centígrados y a una humedad del 40%. Pero el cerebro no sólo se ve afectado por la temperatura ambiental, sino también por nuestra temperatura interna. La temperatura de nuestro cuerpo es en general más alta por la tarde y más baja por la mañana, y se ha visto que el cerebro funcionará mejor a determinadas horas del día según el cuerpo esté más caliente o más fresco.
MENTE PLÁSTICA
El científico español Santiago Ramón y Cajal, cuando describió por primera vez los diferentes tipos de neuronas en forma aislada, planteó también la posibilidad de que el sistema nervioso estuviera constituido por neuronas individuales comunicadas entre sí a través de contactos funcionales llamados sinapsis. Con el tiempo, la imbricación de las sinapsis en el descubrimiento de la plasticidad cerebral permite afirmar que, a través de una suma de experiencias vividas y aprendidas, cada individuo adquiere un carácter único e imprevisible, más allá de las determinaciones que implica todo bagaje genético.
De este modo, la definición de la individualidad como excepción a lo universal conquista hoy el ámbito de las neurociencias como conquistó en tiempos pretéritos el del psicoanálisis; de ahí que surja un punto de encuentro insospechado entre estas dos ramas del conocimiento científico tan históricamente enfrentadas.

Son egocéntricos, solteros y exitosos en lo profesional, pero rechazan asumir responsabilidades como la paternidad. Son niños grandes; egocéntricos, solterones y evitan cualquier tipo de compromiso. Tienen más de 30 años y un ritmo de vida propio de un joven estudiante. El cambio de hábitos sociales, con la exaltación del individualismo y la imagen, los ha transformado. Sufren los síntomas del síndrome de Peter Pan, como lo bautizó el psicólogo Dan Kiley. Un "complicado salto a la madurez" para cada vez más hombres, según los psiquiatras, atrapados en la "dulce tentación" de vivir siempre jóvenes.
Peter Pan, el popular personaje de James M. Barrie, habita en la tierra de "Nunca Jamás". Un mundo donde el tiempo no pasa y sólo los críos pueden entrar. Junto a su inseparable Wendy, juegan a ser la pareja parental de los "niños perdidos", pero Peter no soporta la prueba y se alivia cuando aquella le confirma que no, no son sus hijos, ni él su padre. Esta metáfora llevó a Dan Kiley a publicar en 1983 las primeras letras sobre las personas que no saben renunciar a ser hijo para empezar a ser padre.
El héroe volador de Barrie describe un rasgo fundamental del desarrollo de cualquier ser humano. Esto es, la crisis de crecimiento entre el refugio en la fantasía, la "atemporalidad" o la evitación del dolor de las pérdidas, frente a la mayor asunción de la realidad, la elaboración de la pérdida y el dolor psíquico que abra un camino a la madurez del individuo, señala un informe de psicólogo infantil de la universidad Complutense de Madrid.
El cómo afrontan estas personas, cuando acceden a tener pareja, la posibilidad de la paternidad, sería algo así como la "prueba de algodón" de su raciocinio o sus puntos en común con el infantilismo de Peter Pan, cuenta el psiquiatra Agustín Béjar. "Se trata de una dulce tentación entre la juventud y la madurez, entre el "País de Nunca Jamás" y el mundo real, el primero resulta más atractivo y tentador, pero llegada la hora hay que coger "el toro por los cuernos", algo que los Peter Pan modernos no se atreven a asumir", añade este vocal de la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente.
Edad madura, mente joven
El perfil de este tipo de personas atiende a un hombre de entre 30 y 50 años, que sigue un ritmo de vida más propio de un joven estudiante, entusiasta, entregado a una aparente alegría, que se acerca a las mujeres de forma inconstante -describe Agustín Béjar. Un escalón por detrás está el tipo "solterón", viviendo aún en casa de los padres, que puede ser incluso exitoso en el área profesional, pero con una vida limitada en el área relacional. "No expresa fácilmente sus sentimientos, es egocéntrico y está más preocupado por sus batallitas que por la consideración del otro", cuenta el médico.
Otro caso sería el del joven veinteañero, aún en casa de sus padres, pero en la etapa de poder iniciarse en el mundo laboral, cuyas relaciones de pareja son más comprometidas y estables pero que se apalanca en un modo de vida adolescentes, con dificultades para asumir su nuevo estado, que rehuye a emparejarse seriamente, o como mucho lo asume como búsqueda transitoria.

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